21.1.13

Humildad, el retorno


(Publicado en SFC Periódico).

Lo apuntó el presidente Del Nido en el transcurso de la rueda de prensa de presentación de Unai Emery como nuevo responsable técnico del primer equipo: "Ya que estamos lejos de los puestos europeos, bajamos el pistón; hay que ser humildes, pensar partido a partido". Falta hacía, como el aire limpio, este descenso a la cruda realidad que a día de hoy contempla al Sevilla FC, tanto en el plano institucional como en el deportivo. Viene a ser como volver la cara y admitir la certeza de que, por las razones que sea, la entidad atraviesa una de las etapas más peliagudas de la última década. Del mismo modo, conviene subrayar la asunción de culpas y responsabilidades a cargo de Monchi: "Evidentemente se ha llegado a esto por las decisiones del director deportivo, está claro que no hemos acertado". También era necesario tomar a ese toro por los cuernos, exponer otra realidad que no es nueva y hacerlo, además, con naturalidad y firmeza. Ése y no otro es el camino, nunca es tarde y la dicha es más que buena. Ese retorno a la humildad, esa fe en el trabajo sordo, no hace tantos años sentó las bases de un proyecto sólido que terminó por fraguar. El Sevilla FC comenzó a familiarizarse con el éxito y, siempre a partir de unos resultados óptimos, el discurso comenzó a virar hacia los terrenos de la ambición y la confianza ciega en que lo mejor, como se encargó de acuñar el presidente, estaba por llegar. Llegó, felizmente, lo mejor y algo más y pudimos disfrutarlo por todo lo alto. Un sueño largamente deseado que se trocaba en metal. No son pocos los que, después de la mágica consecución de títulos, se sienten pagados de por vida. El que escribe es uno de ellos, pagado y eternamente agradecido. Por esa misma razón, ahora que el engranaje parece pedir a voces un aporte extra de lubricante, no se acababa de entender aquel empecinamiento en lo infalible de la gestión. Aquello del proyecto indestructible, del pese a quien pese, del contra viento y marea. Se yerra, humanos somos, y no sucede absolutamente nada. Se bajan los humos, la cabeza, el pistón. Se proclaman los errores y se aplican remedios. Y se sigue viviendo, jornada a jornada, entrenamiento a entrenamiento. Carpe diem. Estrenamos etapa, una más. Vaya con Dios, Míchel. Sea usted bienvenido, Unai Emery.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada